Cuando se produce un incendio, la adrenalina nos impide pensar en otra cosa que no sea en la extinción del mismo. Esto forma parte del deseo de supervivencia que, de un modo instintivo, se activa en los seres humanos. Pero ¿sabías que después de controlarlo el peligro no se ha acabado? Los restos de humo y hollín siguen ahí. Los desechos que quedan cuando este ha finalizado deben ser tratados mediante limpiezas especiales, ya que si estas no se realizan oportuna y eficazmente, nuestra salud puede estar en riesgo.
En España los incendios son un problema constante. Así lo afirman y explican diversos expertos en el siguiente vídeo, en donde podemos apreciar que, pese a las estrategias desarrolladas y la eficacia de las políticas de prevención, en buena medida dependen de los ciudadanos. Estos deben ser los más interesados en cooperar, puesto que son los más afectados por la destrucción causada por el fuego.
Fuente del vídeo: Eltiempo.es
Sin embargo, cuando se produce un incendio no solo debemos preocuparnos por el deterioro que el fuego pueda causar. Ciertamente, este es el que mayor destrucción puede producir, pero no es la única fuente de peligro. El humo y el hollín que surgen de la combustión también constituyen un riesgo para nuestra salud, y muchas veces no nos percatamos de ello.
Y es que, a diferencia del fuego, los restos de humo y hollín permanecen después de que aquel se haya extinguido. Su acción en nuestro organismo puede ser imperceptible al principio y, en ocasiones, es muy tarde cuando se detectan las consecuencias.
¿Qué riesgos tienen el humo y el hollín para la salud?
El hollín está formado por partículas muy finas que se depositan en paredes, techos, muebles y textiles. Al tocarlas o al moverse el aire, vuelven a quedar en suspensión y se respiran. Pueden irritar los ojos, la piel y las vías respiratorias, y el riesgo es mayor para niños, personas mayores, personas con problemas respiratorios y mascotas. Por eso recomendamos que no permanezcan en la vivienda hasta que se haya limpiado.
Además, el humo y el hollín generan compuestos corrosivos que dañan instalaciones, materiales, electrodomésticos y mobiliario. Estos procesos de oxidación avanzan sobre todo en las 72 horas posteriores al incendio, así que la limpieza debe empezar cuanto antes.
Cómo eliminar los restos de humo y hollín
No conviene limpiar el hollín con un trapo húmedo ni frotar las superficies: se extiende y deja manchas difíciles de quitar. La limpieza profesional retira primero el hollín volátil mediante sistemas de aspiración y limpieza de arrastre y después trata cada superficie según su material. Para terminar, se elimina el olor a humo con tratamientos de choque con ozono y neutralizadores de olor.
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