El humo producido en un incendio está compuesto por gases y partículas muy pequeñas que son producto de la combustión de los materiales que se queman. Dicha combinación es tóxica para el ser humano y, en consecuencia, perjudicial para cualquier persona.

Su impacto en la salud puede manifestarse de diversas formas. Por lo general, los efectos son leves y los más frecuentes son tos, ardor en los ojos, aceleración del ritmo cardíaco e irritación en la garganta. Pero, además, se pueden producir otras complicaciones que afectan al sistema respiratorio.

Al respecto, la Organización Mundial de la Salud señala que los incendios producen «repercusiones sanitarias crónicas». Entre los padecimientos severos que se pueden derivar de la exposición al humo, la OMS destaca: el «aumento del riesgo cancerígeno, neumopatía crónica y disminución de la esperanza de vida».

Otro aspecto que debemos tener en cuenta es que algunas personas son más propensas a padecer enfermedades y a sufrir las consecuencias de la inhalación del humo que otras. Entre ellas podemos mencionar a:

  • Personas con problemas respiratorios o cardíacos.
  • Niños, adolescentes y ancianos.
  • Mujeres embarazadas.
  • Personas diabéticas.

Si una persona que se encuentre en alguna de dichas condiciones inhala el humo de un incendio, debemos ofrecerles protección prioritaria y atención inmediata. El examen médico debe realizarse aunque no se experimenten síntomas agudos.

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